
El día que la iglesia se convirtió en consultorio
El domingo 26 de julio abrimos las puertas de nuestra sede para una jornada médica integral dirigida a la comunidad. Durante toda la mañana atendimos a los vecinos, y al terminar el servicio la atención continuó para la iglesia. Hubo carpas, computadoras, equipos de optometría y una fila que no paraba de crecer.
Un niño que ve mejor
Ese niño probablemente lleva meses o años entrecerrando los ojos para leer el pizarrón. Quizás en su casa pensaban que le costaba estudiar. Quizás en la escuela creyeron que no prestaba atención. Y resulta que el problema no era el interés ni la capacidad: era que no veía bien.
Un par de lentes puede cambiar el rendimiento escolar de un niño, y con eso, buena parte de su futuro. No es exageración. Es una de esas intervenciones sencillas y baratas que producen efectos enormes cuando llegan a tiempo.
Ese domingo llegó a tiempo para varios.
Cómo se organizó
Desde temprano se montaron las carpas en el patio. Mesas con manteles azules, computadoras portátiles para el registro de los pacientes, sillas para la espera y un flujo organizado: primero se anotaban los datos, después pasaban a consulta.
La convocatoria superó lo previsto. La cola llegó a doblar el patio: familias completas, señoras mayores, adolescentes, madres con niños en brazos, vecinos que pasaron por la calle y se sumaron al ver el movimiento.
Adentro, en las aulas, se instalaron los equipos de evaluación visual. Uno de los servicios de mayor demanda fue justamente ese: exámenes de la vista, medición y determinación de fórmula para lentes correctivos, tanto para niños como para adultos.
Primero la comunidad, después la casa
Vale la pena señalar el orden en que se hicieron las cosas, porque no fue casual.
Durante toda la mañana la atención fue para la comunidad. No se pidió carnet de miembro, ni asistencia previa, ni compromiso de volver. Se atendió a quien llegó.
Al terminar el servicio, la jornada continuó para la iglesia. Los hermanos de la casa también recibieron atención, pero después.
Ese orden dice algo. Es fácil que una iglesia organice actividades que giren en torno a sí misma y que, si sobra, alcance para afuera. Aquí fue al revés: primero el de afuera, y después nosotros.
Es exactamente el patrón de Jesús. Él no atendía a los suyos y luego, si quedaba tiempo, a la multitud. "Y viendo la multitud, tuvo compasión de ellos" (Mateo 9:36). La compasión, en el evangelio, casi siempre se mueve hacia afuera antes que hacia adentro.
Por qué una iglesia hace esto
Alguien podría preguntar por qué una congregación se mete a organizar consultas médicas en lugar de dedicarse a lo suyo.
La respuesta es que esto sí es lo suyo.
Buena parte del ministerio de Jesús ocurrió atendiendo cuerpos. Sanó ciegos, tocó leprosos, levantó paralíticos, alimentó multitudes. No porque el cuerpo fuera más importante que el alma, sino porque nunca separó a la persona en pedazos. Vio gente completa, con hambre real, con enfermedades reales, con necesidades que no se resuelven con un buen discurso.
Y hay algo más práctico: para muchos vecinos, el costo de una consulta o de un par de lentes es una barrera imposible en este momento. Cuando la iglesia elimina esa barrera, no está reemplazando al sistema de salud; está haciendo lo que puede con lo que tiene, allí donde está plantada.
"No nos cansemos, pues, de hacer bien... Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos" (Gálatas 6:9-10).
Una jornada médica es exactamente eso: una oportunidad aprovechada.
Lo que quedó
Quedaron fórmulas de lentes en manos de gente que no sabía cuánta falta le hacían. Quedaron diagnósticos que permitirán tratar a tiempo lo que se estaba dejando pasar. Quedó una comunidad que vio a la iglesia del barrio no como un edificio cerrado entre semana, sino como un lugar donde alguien se ocupó de ellos.
Y quedó algo que no aparece en ningún registro: la conversación en la fila, el vecino que preguntó a qué hora son las reuniones, la señora que pidió que oraran por su hija.
Gracias a cada profesional de la salud que donó su domingo, y a cada hermano que sirvió en el registro, la logística, la organización de la cola y la atención de los que esperaban.
Si quieres estar en la próxima jornada, como voluntario o como profesional dispuesto a servir, habla con tu líder de célula o acércate a la oficina pastoral.
