REVIVE: dos días que volvieron a encender el corazón del liderazgo
General·Johnnatan Sánchez·25 ago. 2026

REVIVE: dos días que volvieron a encender el corazón del liderazgo

Subimos a las Cabañas de Mucuratay para un retiro que llevó por lema "Caminando en la Visión". Bajo la ministración de nuestros apóstoles Wilmer y Johanna Saquitas, repasamos la Escalera del Éxito, buscamos el refrescar del Espíritu Santo y descubrimos, otra vez, que antes de ser obreros somos hijos.

Subir para volver a ver

Hay caminos que uno recorre con el cuerpo y otros que recorre con el alma. El viernes 30 de enero, mientras los carros iban dejando atrás el ruido de la ciudad y tomaban la vía hacia las Cabañas de Mucuratay, muchos íbamos haciendo los dos viajes al mismo tiempo.

Veníamos cansados. No hace falta disimularlo: el liderazgo celular es hermoso, pero es un trabajo que se hace con el corazón abierto y eso desgasta. Veníamos de meses de abrir la casa, de sostener a la célula, de llamar al que se ausentó, de orar por el que no avanza, de cargar en silencio situaciones que nadie más conoce. Y veníamos con esa pregunta que ningún líder confiesa fácil: ¿sigo caminando en la visión, o solo estoy cumpliendo con la agenda?

REVIVE nació justamente de esa pregunta. No fue pensado como un congreso, ni como una jornada de capacitación más. Fue pensado como un alto en el camino. Un lugar donde el liderazgo de CANVENEZUELA pudiera descansar, comer sin apuro, reír, y —sobre todo— volver a colocarse delante de Dios sin el uniforme de servidor puesto.

Éramos alrededor de 70 personas, llegadas desde tres frentes distintos de la obra: Mérida, La Blanca, Caño Moro y Santa Bárbara. Congregaciones bajo una misma cobertura, con historias diferentes, distancias diferentes y desafíos diferentes, pero con un mismo llamado. Ver los carros llegar uno tras otro y ver cómo la gente se abrazaba en el estacionamiento ya era, de por sí, una predicación: la visión no es un programa de una iglesia local, es una familia extendida.

imagen

La mesa antes que la tarima

Lo primero no fue una enseñanza. Fue una mesa.

Café humeante en jarros blancos, arepas recién hechas, la conversación que se cruza de un extremo al otro, la carcajada de alguien que hace mucho no se reía así. Puede sonar poco espiritual empezar una crónica de retiro hablando de comida, pero quien conoce el ministerio sabe que no lo es. Jesús formó a sus discípulos caminando y comiendo con ellos. La confianza que sostiene una red de células no se construye en la reunión del domingo: se construye en la mesa, donde el líder deja de ser líder por un rato y vuelve a ser persona.

Ese primer tiempo de compartir hizo un trabajo silencioso. Bajó las defensas. Rompió esa distancia natural que a veces se instala entre congregaciones que se ven poco. Para cuando llegó la primera sesión, ya no éramos tres grupos sentados en el mismo salón: éramos un solo equipo.

"Caminando en la Visión"

El lema del retiro no fue decorativo. Caminando en la Visión describe exactamente lo que nuestros apóstoles Wilmer y Johanna Saquitas vinieron a trabajar con nosotros durante esos dos días.

Caminar supone movimiento. Supone dirección. Supone también que hay un terreno real bajo los pies, con piedras y con subidas. La visión celular no es un ideal que se admira desde lejos; es un camino que se anda paso a paso, con gente concreta, en barrios concretos, con nombres y apellidos.

imagen

La enseñanza se centró en dos ejes que se necesitan mutuamente.

La Escalera del Éxito

El primero fue la Escalera del Éxito: ganar, consolidar, discipular y enviar. Para muchos de los presentes no era material nuevo. Y sin embargo, escuchar la enseñanza con detenimiento produjo el efecto que produce revisar los cimientos de una casa que uno ya habita: uno descubre dónde se ha estado apoyando mal.

Hubo momentos incómodos, de esos que se agradecen después. Salió a la luz que a veces ganamos pero no consolidamos. Que a veces consolidamos con afecto pero no discipulamos con estructura. Que a veces retenemos a la gente en lugar de enviarla, por miedo a que la célula se quede vacía. Cada peldaño confrontó algo distinto en cada quien.

Lo que quedó claro es que la escalera no es un método para producir números. Es un camino de formación de personas. El fruto no se mide por cuántos asistieron, sino por cuántos llegaron a ser enviados a formar a otros.

El refrescar del Espíritu Santo

El segundo eje fue el que ordenó todo lo demás: el refrescar del Espíritu Santo.

Porque un líder puede dominar los cuatro peldaños de memoria y aun así estar seco por dentro. La estructura sin unción produce administradores de reuniones. Y de eso el Cuerpo de Cristo no necesita más.

imagen

El tiempo de alabanza y ministración fue, para muchos, el corazón del retiro. Manos levantadas, voces que se fueron soltando poco a poco, lágrimas que no pedían permiso. Nadie estaba tratando de sostener una imagen. Ese salón se convirtió en un lugar donde se podía estar cansado delante de Dios sin sentir vergüenza, y eso —cualquiera que haya servido lo sabe— es una gracia enorme.

Hubo también ministración personal. Uno a uno, líderes que pasaron adelante y fueron cubiertos en oración por sus apóstoles. Cada persona con su historia, su carga y su llamado.

imagen

Bajar distinto

Cuando llegó la hora de bajar de Mucuratay, había algo distinto en el ambiente. No la euforia pasajera de un evento bonito, sino esa calma firme del que ya sabe qué tiene que hacer el lunes.

Volvimos a nuestras casas, a nuestras células, a nuestras congregaciones. Los mismos desafíos nos estaban esperando. La diferencia es que ya no los enfrentamos desde el cansancio, sino desde el fuego renovado.

Porque de eso se trató REVIVE: no de encender algo nuevo, sino de reavivar lo que Dios ya había puesto en nosotros. Y ese fuego, cuando vuelve a arder, no se queda en la montaña. Baja con nosotros, entra a las casas, se sienta en las salas donde se reúnen las células y alcanza a los que todavía no han escuchado.

*Seguimos caminando en la visión.*

imagen